Los tres productos básicos de la desinfección

Los tres productos básicos de la desinfección

La desinfección consiste en eliminar posibles microorganismos patógenos presentes en objetos y superficies para evitar infecciones. Desinfectar no es sinónimo de limpiar, aunque sí es una parte muy importante del proceso de limpieza, especialmente en clínicas y centros de salud. De las diferencias entre ambos conceptos, ya hemos hablado en este blog.

Hay varios tipos de desinfectantes y cada uno de ellos tiene su área de aplicación en función del uso y de los niveles de riesgo de contagio existente en la zona. En este artículo os presentamos los tres productos principales en escenarios habituales: detergente, lejía y alcohol.

Detergentes

Algunos tipos de detergentes se componen de tensioactivos, compuestos químicos cuyas propiedades emulsionantes son las responsables de la capacidad de este producto de disolver tanto agua como grasa.

Entre las ventajas de los detergentes, se encuentra el hecho de que no necesitan aclarado, por lo que ofrecen una acción bactericida residual, que disminuye con el paso de los días. Además, no son tóxicos, y tampoco provocan irritaciones al operario que lo está manejando ni abrasiones a la superficie en la que son empleados.

Dentro de los detergentes hay diferentes clasificaciones en función de su composición completa: algunos de ellos son más desengrasantes que otros, otros tienen mayor poder contra gérmenes, bacterias y hongos, y otros son específicos para eliminar restos orgánicos, como la sangre o la grasa.

Su elección en los distintos escenarios posibles (hospitales, entornos industriales, cocinas, etc.) depende de sus especificaciones y aquello para lo que estén recomendados.

Los detergentes tienen propiedades emulsionantes: disuelven tanto agua como grasa.

Los detergentes tienen propiedades emulsionantes: disuelven tanto agua como grasa.

Lejía y otros derivados del cloro y del yodo

La lejía, entre otros derivados del cloro y del yodo, tiene un poder germicida mayor que el de los detergentes, hasta el punto de contar también con propiedades esterilizantes. Sin embargo, debido a su composición, estos productos son altamente irritantes, deben ser empleados con precaución, y no son recomendables en muchas superficies debido a su alta abrasión.

La lejía es el producto más conocido dentro de este grupo. Tiene propiedades de desinfección, blanqueo y desodorización, pero su acción es muy agresiva y es altamente tóxica. Se emplea para desinfectar y esterilizar materiales de limpieza, previamente lavados, y superficies que soporten su abrasión.

Aunque tiene un gran poder combativo contra las bacterias, entre sus desventajas se encuentra su inestabilidad al calor, a la luz y al paso del tiempo, lo que requiere unas condiciones de almacenaje especiales, y la pérdida de acción en contacto con materias orgánicas.

Por todo ello, el equipo de Aldaba CEE no utiliza productos de esta categoría.

Alcoholes

Los alcoholes poseen acción bactericida, pero no contra las esporas. Necesitan ser diluidos en agua para resultar efectivos, y su efectividad se basa en la desnaturalización de las proteínas.

El más conocido del grupo de los alcoholes es el alcohol etílico, pues es el que se utiliza para desinfectar manos u otras superficies de la piel, especialmente en entornos médicos.

El alcohol se utiliza en hospitales para desinfectar las manos y otras partes de la piel.

El alcohol se utiliza en hospitales para desinfectar las manos y otras partes de la piel.

 

A la hora de acometer un trabajo de limpieza, debemos escoger el producto desinfectante más adecuado en función de las necesidades del entorno y el tipo de materiales del que se componen las superficies a limpiar.